“Carla, bella y puttana” por E. DUCLOS
“Carla, bella y puttana” de Tinto Brass (año 2000) es un filme de drama-romance y picaresca erótica. La contratapa de la versión en DVD de la productora SBP nos adelanta esto:
“Carla es una joven hermosa, su espectacular cuerpo parece haber sido esculpido delicadamente por las manos del más grande de los artistas. Todo en ella es voluptuoso y apasionado, hasta su desenfrenado deseo por disfrutar de la vida.
Nada detiene su avasallante sensualidad, un instinto en su más puro estado animal que la transporta más allá de los límites imaginados.
Carla es una metáfora de lo prohibido, una poesía sobre lo inimaginable, un lugar donde la belleza del erotismo no deja espacio para las palabras.”
El humo era acompañado por una sucesión de imágenes de la protagonista con poca ropa: ella en un barco, en un cuarto desnuda a contraluz y de espalda, sometida en una playa y un sexteto de mujeres ofreciendo sus atributos traseros en el living de un Hugh Hefner versión Manaos. Algún dato técnico sobre el equipo de filmación y el reparto, toda información innecesaria para un título de este tenor, seamos sinceros.
El argumento del filme es igual a tantos otros: Carla busca departamento en Londres para su novio y en el mientras tanto surge un romance homoerótico. “Has visto una, las viste a todas” nos dijo Kathy Selden en “Cantando bajo la lluvia”. Sin embargo, ahí vamos enloquecidos ante la novedad que se repite, así sea para cantarle al viejo cine de musicales de la época de oro, o para cascarnos en la comodidad del hogar viendo una picaresca con una rubia haciendo la tijereta. En esta sintonía habló John Waters sobre el cine de Armando Bó e Isabel Sarli, diciendo que más que varias películas individuales lo que ellos crearon fue un universo que se repetía a sí mismo, girando sobre los mismos tópicos.
Por cuestiones de censura, versiones rebajadas del destape europeo y demás asuntos de distribución, el título tiene muchas deformaciones. Del original “Tra(sgre)dire”, a “Transgressing”, “Cherry”, “Playboys”, “Carla, bella ragazza”, o el título que mencioné primero. Curiosamente, de ese poster no hay registro en internet más que una foto desenfocada de un vhs en venta en mercado libre, con la actriz de costado, no de espaldas. Pero la versión de espaldas, con el culo al aire existe. No tengo más pruebas que mi memoria, grabada a fuego.
Nunca vi “Carla, bella y puttana”, ni siquiera cuando la compré en Parque centenario, más de 20 años después. Y la voy a llamar siempre por su nombre, no por mero capricho sino porque así corresponde con las cosas como uno las conoció. Tenía 12 años y había ido a ver qué podía traer del videoclub “Casablanca”. Arriba, en el estante alto solían dejar (a la vista de los adultos) las eróticas o alguna que otra porno con su correspondiente censura criolla: las cintas de papel. Y entre películas que ya ni recuerdo ahí estaba. La mirada se me detuvo en el culo de la actriz, la pollera levantada, las bucaneras, el paraguas amarillo, el saquito rosa pálido. Todo era de una composición hermosa, en un pasillo de callejón romano encerrado por columnas. O quizás el culo enalteció un alrededor que mucho no tenía de especial.
Borges escribió que cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Ahí, en ese videoclub de barrio, frente a una pared de cajas de vhs vacíos, buscando qué ver a la noche, supe definitivamente que era team culos.
Tante grazie, Tinto Brass.
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